Porque sí.
Porque nos gusta.
Porque queremos.
Porque nos duele.
Porque sufrimos.
Porque sentimos.
Porque es parte de nosotros y de nuestras vidas y de nuestras familias.
Porque somos así de raros o de extraños o de idiotas.
Porque es verdad que en este equipo, el Atleti, el Atlético de Madrid es una pasión incomprensible, una afición impresionante, unos colores rompedores, una unión indestructible, un amor, una canción, una música, una leyenda y una historia, un niño que llora de rabia por haber perdido otra vez en el último segundo, un padre desencajado, una madre que no entiende nada, unos vecinos que se ríen, una gente que te admira.
Porque, en fin, somos diferentes muy a nuestro pesar. Porque nos pone ir a contracorriente, superar la adversidad, ancarar las malas rachas, sufrir los días de frío en el Calderón, las tardes con los puros y las pipas, los bocadillos con cocacola, soportar a Gilygil bramando no sabemos qué, no sabemos de qué, no sabemos contra quién.
Porque es verdad que somos unos masocas, quizás unos bobos, probalemente unos tontos importantes.
Porque en fin, eso es lo que somos.
¿Por qué somos del Atleti?
Quién lo sabe.
Seguimos siendo del Atleti porque ése es nuestro sino y así está escrito en nuestra frente y así lo llevamos en la sangre.
Porque no podemos evitarlo,
no podemos renunciar,
no podemos prescindir,
no podemos dejar de cantar y de sufrir.
Porque a veces el equipo también nos da una alegría.
Porque entonces es muy bonito ser roji-blanco, hincha del Atleti, militante “colchonero”, ir al Manzanares, salir a la calle, enarbolar la bufanda y la bandera, gritar enla fuente de Neptuno, contarle a los cuatro vientos que, por mucho que suframos y perdamos, por mucho que reneguemos y lloremos, ser de este club, estar en este estadio grande pero maldito, breve pero inmenso, hermoso pero terrible, es algo que no cambiamos por ninguna otra indumentaria.
Y eso es así porque no podía ser de otra manera.
Porque nos duele.
Porque queremos
Porque sufrimos.
Porque sí.
Atlético, porque sí.

